Para qué sirven las emociones

En esta período de tiempo en el que nos ha tocado vivir, la razón parece que siempre ha de imponerse por encima de las emociones, controlarlas y no dejarlas expresar de forma libre y natural. Esto es patente en unas culturas más que en otras. Por ejemplo, en el caso de la cultura japonesa, las emociones están mucho más contenidas que en la cultura occidental, y en el lado opuesto encontramos algunas culturas latinoamericanas en las que las emociones ocupan un lugar menos controlado por la presencia de la razón.

Con esto, os quiero poner en situación ante la importancia que damos a las emociones, como la identificamos, como actuamos frente a ellas, y que nuestros actos, además de nuestra propia personalidad innata, vienen influenciados por la cultura a la que pertenecemos o de la que hemos bebido durante años.

Pero ¿porqué parece que se le da más importancia a la razón que a las emociones? o ¿porqué tenemos que elegir siempre entre un plano u otro? Muchos investigadores y pensadores, a lo largo del desarrollo de nuestra cultura occidental, han ignorado en gran medida el ámbito de las emociones para centrarse en el plano racional, e investigar sobre nuestro pensamiento cognitivo. En la era clásica, se entendían las emociones como pasiones, impulsos irracionales, que no podían más que ser controlados por la razón. Sin embargo, fue a partir del siglo XIX, cuando gracias a las teorías de la evolución de Darwin entre otros, se entendió claramente que las emociones estaban sujetas a mecanismos y procesos estudiables.

Se considera desde entonces que las emociones forman parte del propio proceso de selección natural, y que funcionan procesando la información que nos llega del exterior y del interior de forma inmediata para poder enfrentarlos a las situaciones de nuestro alrededor de manera útil para nuestra supervivencia. Son rápidas y nos pueden ayudar a actuar sin pensar ante una situación de peligro. Visto así, tienen mucha más importancia de la que nosotros mismos creemos, y quizás al encontrarnos dentro de una sociedad altamente racionalizada, nuestras emociones, en muchas ocasiones, se ven aletargadas, contenidas, no dejamos que afloren, y a veces, que nos guíen y nos ayuden a saber lo que queremos o tenemos que hacer.

Hay una serie de emociones que se consideran básicas, aunque hay cierta controversia entre filósofos, psicólogos y pensadores, entre otros, se podría decir que existen al menos seis emociones básicas: La alegría, la ira, la tristeza, el miedo, la sorpresa y el asco. También podríamos hablar de varias emociones secundarias como: La vergüenza, la culpa o el altruismo.

¿Qué debemos hacer ante las emociones?

Hay muchas tendencias de pensamiento diversas en este aspecto, algunos psicólogos recomiendan la expresión completa de las emociones, y otros son más comedidos, y exponen no tanto hacer hincapié en la expresión, o como algunos autores llaman fusión, sino centrarse más en la observación desde un punto de vista externo, y en el análisis de la emoción para poder ahondar en ella. Está claro que esta controversia, sobre todo la podemos tener cuando nos enfrentamos a emociones negativas, que despiertan en nosotros ámbitos indeseables o que queremos cambiar o modificar.

Por ejemplo, os voy a comentar el caso de la ira o la rabia. En mi consulta, atiendo casos de rabia o ira incontrolada. Las personas que acuden a mi consulta por este motivo, quieren poder reducir el nivel de irascibilidad al que se ven abocados, porque normalmente no saben cómo controlarlo, o cómo canalizar esa energía. En estos casos, es la propia persona la que decide querer cambiar, evolucionar como persona y mejorar sus relaciones sociales y quizás de pareja. Hay varias técnicas aplicables a la gestión de la ira, os voy a dar algunas pautas iniciales para que las pongáis en práctica:

-En primer lugar, anticiparse a la situación controvertida. Si crees que se va a generar una situación difícil en la que puede que asome la ira, toma consciencia de ello, e intenta escuchar tu estado emocional, para prepararte para la situación.

-Si ya estás dentro de la situación y la ira ha aparecido, obsérvate, intenta tener una visión de ti mism@, y de la situación desde el exterior.

-Intenta relativizar, y tener claras tus prioridades en ese momento y en tu vida en general. Ante este mecanismo de comparación, normalmente la intensidad disminuye.

-No te obsesiones, en contener continuamente tu ira, a veces, es necesario desahogarse, siempre con el máximo respeto hacia los demás, pero quizás a veces, una descarga emocional fuerte supone un punto de inflexión a partir del cual, todo mejora.

-Una vez pasado el episodio, reflexiona sobre lo ocurrido e intenta sacar algo positivo de la situación.

No te preocupes, si no llegas al estado emocional que tú estás buscando, consúltame, te explicaré mi metodología de trabajo y paso a paso podrás llegar a tus metas.

Sara Navarrete

Psicóloga

Algunas fuentes consultadas:

www.hablandodeciencia.com/articulos/2012/10/05/que-son-las-emociones

www.befullness.com/16-articulos-de-inteligencia-emocional-que-no-te-puedes-perder