Dar el cambio a tu vida

Retomando la temática del artículo anterior sobre “Cómo aumentar la confianza en uno mismo”, me surgen nuevas vías para profundizar sobre cómo desarrollar la confianza y sobre todo la pregunta clave sería ¿para qué? Realmente si reflexionamos acerca de para qué necesitamos desarrollar nuestra confianza es por una cuestión muy clara y sencilla: para cambiar cosas de nuestra vida que queremos mejorar. Ganar confianza en ti mism@ te abrirá puertas que antes no podías abrir y que después de un trabajo y esfuerzo por tu parte, podrás abrir, cruzar y adentrarte en tus sueños y deseos.

Gracias a mi profesión he podido ayudar a muchas personas a cumplir sus objetivos y expectativas, desde luego que no ha sido fácil pero con constancia, esfuerzo y motivación, y un buen profesional que te guíe, ¡todo es posible!

En el artículo anterior os daba varias pautas para comenzar a ganar confianza. No pierdas de vista esas pautas, que puedes revisar aquí: http://www.snpsicologovalencia.es/blog/superacion-personal/104-como-aumentar-la-confianza-en-uno-mismo.html, apúntalas, tenlas a mano, incluso puedes anotarlas en una pizarra que tengas en una parte visible de la casa, para tenerlas presentes en cualquier momento y para que te recuerden tu plan y objetivos.

Verbaliza tus objetivos

Recuerda que es muy importante haber reflexionado profundamente sobre tu decisión y tener presente que va a suponer un esfuerzo, para el que hay que estar bien preparado a nivel de motivación y constancia. Una de las cosas que más encarecidamente recomiendo a mis pacientes es que expresen sus objetivos. El hecho de exteriorizarlos comentándolos a tu familia, a tus amigos, pareja, etc., va a ayudarte mucho a dar el paso, y lo que es más importante, a continuar. Te explico porqué es tan importante:

Cuando cuentas a tus seres más allegados tus intenciones, en primer lugar, al verbalizarlas varias veces, se ordenan tus ideas, se clarifican.

También, te va a ayudar a creerte a ti mism@, por si acaso todavía tenías dudas. El hecho de intercambiar opiniones y consejos con tus seres queridos, te va a ayudar a matizar ideas, mejorarlas, en definitiva, tus amigos y familia te van a aportar nuevos conceptos adaptados a tu personalidad, porque ellos te conocen bien, y van a complementar tus ideas iniciales.

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Cómo aumentar la confianza en uno mismo

Llevo varios días queriendo hablaros sobre este tema tan fascinante, como es la confianza en uno mismo. ¿De qué depende? ¿Es posible desarrollarla? ¿Cómo? ¿Qué tiene que ver nuestra educación, nuestra familia, nuestra vida, etc., en la confianza que poseemos? ¿Cuales son las claves para desarrollarla? ¿Y cómo la inculcamos en nuestros hijos?

Son muchas preguntas entorno a un mismo tema que me gustaría compartir con todos vosotros, ya que en mi consulta lo trato con mucha asiduidad. En un tema que nos preocupa en gran manera porque la falta de confianza, en definitiva lo que provoca es la creación de límites en todos los aspectos de nuestra vida, tanto en el plano emocional, en el profesional o en el desarrollo personal. Es uno de los temas más importantes y del que más consciencia hemos de tener para llevar una vida sana y equilibrada con nosotros mismos y con los que nos rodean.

Voy a empezar por el principio, cómo veis es un tema muy extenso y por ello voy a tratarlo en varios artículos conectados entre sí para que podáis entender mejor los conceptos de manera ordenada y útil para vosotros.

PARA CREER HAY QUE CONFIAR

Es una frase que a simple vista parece sencilla y lógica pero tiene un trasfondo muy profundo y de una veracidad aplastante. Nuestros deseos, nuestros sueños, nuestros objetivos en la vida, en definitiva, nuestra vida, dependen del nivel de confianza en uno mismo. Parece sencillo, pero si te paras a reflexionar durante un momento porqué decidiste estudiar una cosa u otra, porqué te quedaste en tu ciudad o te mudaste a otra, porqué trabajas aquí o allá, cómo vives tu vida actualmente, etc.

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Para qué sirven las emociones

En esta período de tiempo en el que nos ha tocado vivir, la razón parece que siempre ha de imponerse por encima de las emociones, controlarlas y no dejarlas expresar de forma libre y natural. Esto es patente en unas culturas más que en otras. Por ejemplo, en el caso de la cultura japonesa, las emociones están mucho más contenidas que en la cultura occidental, y en el lado opuesto encontramos algunas culturas latinoamericanas en las que las emociones ocupan un lugar menos controlado por la presencia de la razón.

Con esto, os quiero poner en situación ante la importancia que damos a las emociones, como la identificamos, como actuamos frente a ellas, y que nuestros actos, además de nuestra propia personalidad innata, vienen influenciados por la cultura a la que pertenecemos o de la que hemos bebido durante años.

Pero ¿porqué parece que se le da más importancia a la razón que a las emociones? o ¿porqué tenemos que elegir siempre entre un plano u otro? Muchos investigadores y pensadores, a lo largo del desarrollo de nuestra cultura occidental, han ignorado en gran medida el ámbito de las emociones para centrarse en el plano racional, e investigar sobre nuestro pensamiento cognitivo. En la era clásica, se entendían las emociones como pasiones, impulsos irracionales, que no podían más que ser controlados por la razón. Sin embargo, fue a partir del siglo XIX, cuando gracias a las teorías de la evolución de Darwin entre otros, se entendió claramente que las emociones estaban sujetas a mecanismos y procesos estudiables.

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¿Auto engaño? Sé fiel a tus valores

Muchas veces mientras estoy redactando un artículo, tomo notas de temáticas que van apareciendo conforme voy escribiendo para vosotros. En multitud de ocasiones las temáticas están entrelazadas y se nutren unas de otras, haciendo que enlace cuestiones que resultan muy interesantes y sobre las que tengo la necesidad de profundizar.

Es el caso de este artículo que comparto con vosotr@s hoy. En el pasado artículo sobre “No soy feliz y lo tengo todo”, se plantean una serie de aspectos como posibles causantes de la falta de felicidad en personas que en principio lo tienen todo para ser felices, pero se encuentran vacías.

Algunos de estos aspectos, tal y cómo reflejé en el artículo anterior, eran a rasgos generales, el negativismo o falta de optimismo, el no esforzarse por salir de la zona de confort, la falta de decisión de uno mism@, el no ser capaz de superar los prejuicios, entre otros, y por último, uno de los aspectos que más me interesa desarrollar y exponeros, es el hecho de vivir en disonancia a tus propios valores.

Ya sea “por miedo, por pereza, por comodidad, por falta de autoestima, a veces no actuamos conforme a nuestros valores, no dejes que eso ocurra, ¡no vendas tu alma!” rezaba el artículo previo.

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No soy feliz y lo tengo todo

Ante las mismas circunstancias de nuestra vida podemos reaccionar con optimismo o con negativismo. Depende de nosotros. Hay una serie de cuestiones de nuestra vida que nos vienen dadas, o nos suceden sin buscarlas nosotros. No podemos intervenir para que sucedan o no, pero lo que sí que podemos hacer es actuar, asimilarlas y plantarles cara desde una visión optimista.

Por mi experiencia como psicóloga, me he enfrentado a muchos casos de personas que en principio lo tenían todo para ser felices, pero se encontraban vacías. A veces pasamos por momentos de nuestra vida en los que por cuestiones de trabajo, de estrés, de metabolismo, un clima adverso, que son hechos puntuales y sin gravedad que nos ocurren, podemos experimentar lo que se conoce como “una mala racha anímica”.

Es importante poder detectar si estamos ante un bajón anímico leve, fácilmente recuperable, o nos encontramos ante un estado de ánimo que llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo y quizás no sabemos determinar cuándo empezó y a qué puede ser debido.

También he comprobado que a veces, es una cuestión de personalidad, y no es que la persona sea de una forma y a partir de un momento dado cambiase y entrara en un período anímico bajo. En estos casos, yo creo que es cuando más difícil se hace cambiar de actitud, porque tenemos que trabajar mejorando el propio carácter de la persona, que a veces resulta muy trabajoso y supone un esfuerzo grande.

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¡¡Me pongo roj@!! Cómo superarlo

¿Tienes miedo de hablar en público?¿Te pones rojo si hablas o cuando te miran? ¿Crees que te vas a poner como un tomate, y que no vas a ser capaz de controlarlo y eso te da pavor?

Tranquilízate, no es una enfermedad, es simplemente un problema que tiene solución, te voy a dar varias pautas a lo largo de este artículo.

Recuerdo que cuando era adolescente, tenía una amiga que se ponía roja con mucha facilidad, y le incomodaba de tal forma que incluso dejaba de hablar cuando había más personas alrededor, o no intervenía en clase por miedo a ponerse roja y por miedo a enfrentarse a los comentarios y risas de otros compañeros. Me decía que sentía un calor muy intenso que le subía desde el estómago hacia la cara, y que el corazón le latía a gran velocidad, y que esto le asustaba mucho porque no podía controlarlo, sino que estas reacciones le controlaban a ella. Ahora viéndolo en la distancia, después de muchos años, y viendo cómo es mi amiga ahora, se ve muy distinto, sobre todo porque pudo superarlo y hacerle frente en una de las etapas más difíciles de nuestra vida, como es la adolescencia.

Sin embargo, ruborizarse, le puedo ocurrir a cualquiera, en cualquier edad. Sí que es cierto, que basándome en mis pacientes, veo más casos entre adolescentes y jóvenes, pero también sorprende a edades más maduras.

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Cómo superar la pereza

La pereza a simple vista puede parecer un mal menor, sin embargo muchas veces es la punta del iceberg, un indicador que nos alerta de que hay algo más en nuestro interior que no está funcionando bien. Si además de sentir esa pereza, sentimos ansiedad porque no logramos superarla, poco a poco la situación se puede ir complicando y desembocar en un problema más grave.

¿Cual es entonces la causa de la pereza?

Puede que sea algo tan sencillo como una acumulación de cansancio físico y mental, ante el cual necesitas tomarte un tiempo de descanso, o unos días o unas semanas incluso. Y la pereza surge de forma natural, es un mecanismo del propio cuerpo que te invita a descansar y recuperar energías. Entonces no tienes que preocuparte, cuando hayas cargado baterías, tu motivación volverá y la pereza desaparecerá.

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¿Estoy preparado para un cambio en mi vida?

Muchas veces, ante situaciones en las que no nos encontramos a gusto, nos planteamos la posibilidad de cambiar cuestiones importantes de nuestra vida. A veces estos pensamientos "pasan" por nuestra cabeza y los olvidamos en cuestión de segundos, y otras veces perduran en el tiempo, se reiteran día a día, incluso pueden llegar a atormentarnos. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Realmente necesito un cambio? ¿En qué momento debo tomarme en serio que necesito un cambio en mi vida?
Una reflexión profunda nos puede ayudar mucho a clarificarnos, de hecho hay momentos en nuestra vida en los que contamos con un gran control racional, donde tenemos muy claras nuestras prioridades, y a través de la reflexión podemos llegar a tomar decisiones concisas y planificar el cambio en nuestra vida, sin que la parte emocional interfiera en nuestros propósitos.


Sin embargo, hay ocasiones en las que nuestro raciocinio se ve distorsionado por sentimientos y emociones muy fuertes y potentes, a veces como ilusiones que se presentan ante nosotros y sacuden nuestra razón como terremotos. Por ejemplo, puede suceder esto cuando un miembro de la pareja comete una infidelidad. Quizás no se ha parado a reflexionar activamente lo que podría ocurrir después de que eso suceda, pero se lanza, porque no se siente en plenitud con la pareja o con su vida y necesita una escapatoria. Es como lanzarse al sufrimiento, y a través del sufrimiento para él y para su pareja, su vida cambia y no tiene más remedio que cambiar. Visto así es un cambio un poco egoísta, pero a veces no somos capaces de actuar de otra manera.

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Una carta de uno de mis pacientes

Hoy quiero compartir con vosotros una carta que me ha remitido uno de mis pacientes. Creo que es muy importante mostrárosla y que la podáis leer, ya que os puede ayudar a dar un paso adelante en vuestra vida.

Por normal general se piensa que el hecho de acudir al psicólogo es cómo el último recurso al que nos enfrentamos cuando estamos muy mal, cuando no encontramos otra salida. Sin embargo, en muchas ocasiones me encuentro ante pacientes que necesitan un desarrollo personal que no saben abordar solos y precisan un guía, una hoja de ruta para alcanzar sus metas. Este es el caso de mi paciente. Estoy muy orgullosa de él, mi labor no sería posible si no hubiera puesto tanto de su parte por mejorar. ¡Enhorabuena!

Sara Navarrete

Psicóloga

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"Lo imposible" solo tarda un poco más, las claves: paciencia y trabajo

Muchas veces pensamos en cosas que queremos hacer pero se nos hace un mundo ponernos a ello y lo vemos como imposible. También puede ser que nos dé pereza o creamos que no somos capaces. Algunos de los factores más limitantes a la hora de plantearnos retos son la pereza, la falta de autoestima y la falta de paciencia.

En el mundo en el que vivimos, cada vez más rápido y volátil, la paciencia es una gran virtud. Nos estamos acostumbrando a obtener resultados de forma rápida y con el mínimo esfuerzo en muchos aspectos de nuestra vida, y también es lo que nuestros hijos pueden estar recibiendo de nosotros y de nuestra cultura. En líneas generales nos puede costar ser pacientes, quizás porque nos asentamos en lo cómodo, que muchas veces, no nos hace sentir satisfechos a lo largo del tiempo.

Sin embargo, los logros más gratificantes y más importantes para nosotros, son aquellos que suponen un esfuerzo y ponen en funcionamiento nuestras aptitudes más valoradas como son la paciencia y la capacidad de esfuerzo en busca de una meta.

Ya sea en el plano profesional, personal, sentimental, etc., allí donde nos propongamos llegar, la paciencia nos acompañará hasta el final siendo nuestra gran aliada. La armonía, la autoestima, nuestra fortaleza interior, son cualidades que van a reforzar la paciencia y nos van a ayudar a conseguir nuestras metas.

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