Ser demasiado cabezota

¿Qué es ser cabezota?

Hoy os quiero hablar de cómo mejorar a nivel personal. En concreto, una actitud que es muy frecuente en nuestra cultura española, y es la cabezonería. El hecho de querer tener siempre la razón o querer que las personas hagan las cosas como nosotros queremos, encierra tras de sí el problema del orgullo. En realidad, es una cuestión de orgullo y también de falta de inmadurez, lo que nos empuja a ser cabezotas. Lo más normal es que alguno de tus padres, o tu pareja, tu hermana, o tú mism@ sea muy cabezota, y a veces esto genere pequeños conflictos, incluso grandes conflictos en las relaciones personales.

Cuando entra el orgullo

Ser demasiado orgulloso, puede convertirse en un gran problema para relacionarnos con nuestros familiares, amigos, etc., y a veces, es el origen del aislamiento, de dificultades en la socialización, de problemas de convivencia, de falta de autoestima, y un largo etcétera.

Así que hay que estar muy pendientes si vemos que una persona de nuestro entorno tiene actitudes demasiados orgullosas que puedan derivar en falta de respeto hacia sus seres queridos más cercanos.

No hay que llevar el conflicto a lo personal. Muchas veces, hay personas que se ofenden a nivel personal si alguien les lleva la contraria. A veces, esto ocurre porque no están acostumbrados a que les lleven la contraria, y están acostumbrados a que todo el mundo haga lo que ellos dicen. A veces esto ocurre en la educación de hijos únicos, que sin quererlo los padres, les conceden todos sus caprichos, y puede desembocar en que esa persona sea una pequeña tirana, y también algo inmadura con respecto a las relaciones con los demás. Hay que hacerles entender que el hecho de no estar de acuerdo con ellos en algo, no significa que estén equivocados, porque esto afecta directamente a su autoestima.

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Cuando tenemos una persona dependiente a nuestro cargo. El papel de la psicología

Algunos de vosotros me habéis contactado en un momento dado, preguntándome sobre este tema, y quería escribir al respecto pues es un tema al que nos enfrentamos día a día en la mayoría de familias. En España en concreto hay más de 600.000 personas con algún grado de dependencia.

Ya sea en el caso de nuestros padres cuando se hacen mayores, o sufren una enfermedad, o en el caso de hijos también con ciertos niveles de dependencia. Las personas que ejercen el papel de cuidadoras se enfrentan desde el principio, a un camino difícil, lleno de sentimientos encontrados y yo diría, que es un camino de peregrinaje, del que partimos desde un punto y por el cual transitamos, generalmente descubriendo estados y facetas de nuestra personalidad que nos humanizan y nos hacen mejores personas.

El papel de cuidador es muy importante y sin embargo, muchas veces las personas cuidadoras quedan relegadas a un segundo plano tras la persona cuidada, que es la que recibe los cuidados y atención.

¿Pero, quien cuida al cuidador? Ciertamente, en multitud de ocasiones, he visto como personas cuidadoras se desvivían de tal manera por la persona dependiente, que perdían la perspectiva sobre ellos mismos, y en muchos casos, han sido reacios a comenzar un tratamiento personalizado porque generalmente alegan que no lo necesitan. Nada más lejos de la realidad. Por norma general, sí que lo necesitan y mucho. Si estás al frente del cuidado de una persona dependiente, lo primero que has de cuidar, es a ti mism@. Para que la persona dependiente esté bien, tú también tienes que estar bien.

Vamos a ver algunas de las circunstancias que pueden darse y cómo combatirlas.

El síndrome del cuidador

El síndrome del cuidador es un trastorno que aparece sobre la persona que cuida a la persona dependiente y que generalmente presenta agotamiento psíquico y físico. Aparecen episodios de estrés de intensidades variables, todo ello generado por el hecho de enfrentarse a una situación nueva que requiere un gran esfuerzo físico y psicológico y que además ocupa las 24 horas del día.

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¿Eres demasiado exigente contigo mism@?

¿Buscas siempre que las cosas y las situaciones sean perfectas? ¿Te molesta que los demás tengan defectos, y te frustras cuando no puedes cambiarlo?

Bueno, entonces te diría ¡Bienvenido al club de los muy exigentes! Siempre he dicho que ser exigente no tiene porqué ser un problema, al contrario, es una gran virtud. La exigencia con nosotros mismos nos ayuda a ser mejores personas, mejores profesionales, mejores padres, mejores hijos, etc., …pero siempre y cuando conozcamos nuestros límites y sepamos manejar nuestro nivel de exigencia con prudencia y siendo realista.

He tratado casos en los que la desmesurada exigencia con uno mismo y lo que es también muy complicado, con los demás, crea un gran problema no sólo con la persona y con su "yo interior", sino, con su entorno, ya sea su pareja, sus hijos, sus padres, sus amigos, etc.

Reflexiona un poco conmigo, y dime si te frustras cuando los demás no hacen las cosas como tú habías pensado, o cuando las acciones de los demás no salen como habías previsto y te afectan negativamente. Por ejemplo, imagínate, que tú eres muy puntual, y has quedado con tu pareja para ver un espectáculo de teatro que tienes muchísimas ganas de ver desde hace mucho tiempo, es la última función, tienes las entradas, estás esperando a tu pareja en la puerta del teatro y…no llega, no llega, no llega, y cuando finalmente llega, se ha cerrado la sala, y ya no se puede entrar…..¡ayyyy! en ese momento es normal que te enfades, que estalles, y que te frustres porque si no hubiera sido por tu pareja, tú hubieras entrado y ahora estarías viendo tu obra favorita….

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Me siento vacío, 10 consejos para llegar a ser la persona que quieres ser.

¿Miras para atrás y te das cuenta de que los últimos años no has hecho realmente lo que querías? ¿Te sientes como que has perdido el tiempo? ¿Te gustaría llegar a hacer cosas chulas, pero te puede la pereza, el esfuerzo, el miedo, etc?


Parece un tópico, y algo que repetimos hasta la saciedad, pero es que es ¡¡¡verdad!!! “El que algo quiere, algo le cuesta”. Nuestra sociedad en la actualidad está viviendo cambios muy rápidos e importantes en la manera que tenemos de enfrentarnos a las decisiones y la vida en general. La era de la información, la inmediatez, produce cambios en nosotros, que yo misma he experimentado desde que era pequeña hasta ahora. O si nos remontamos a un siglo atrás, sin teléfonos, sin coches…, la concepción del tiempo, de la paciencia, del esfuerzo, era muy distinta a lo que es ahora. Estamos perdiendo paciencia, estamos perdiendo capacidad de esfuerzo, estamos perdiendo concentración.

Los mensajes, las llamadas, las redes sociales, el trabajo, los impuestos, los seguros, los coches, las casas…, a nuestro alrededor orbitan decenas de ideas, preocupaciones, ruido, interferencias, que nos alejan de la concentración que necesitamos para tomar las decisiones que realmente queremos. A veces elegimos lo fácil, lo cómodo, quedarnos mirando la tele, navegando por internet, o perdernos por Facebook, y demás, y dejamos para otro momento nuestros deseos más motivadores, que se apagan y se quedan latentes esperando a salir cuando tengan otra oportunidad. Algunos de mis pacientes, me comentan que se le pone un nudo en el estómago, porque quieren hacer cosas, pero que siempre acaban sin hacerlas, y eso les crea frustración e insatisfacción.


Voy a darte 10 consejos para que pongas en práctica y te ayuden a ser la persona que quieres ser.

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Dar el cambio a tu vida

Retomando la temática del artículo anterior sobre “Cómo aumentar la confianza en uno mismo”, me surgen nuevas vías para profundizar sobre cómo desarrollar la confianza y sobre todo la pregunta clave sería ¿para qué? Realmente si reflexionamos acerca de para qué necesitamos desarrollar nuestra confianza es por una cuestión muy clara y sencilla: para cambiar cosas de nuestra vida que queremos mejorar. Ganar confianza en ti mism@ te abrirá puertas que antes no podías abrir y que después de un trabajo y esfuerzo por tu parte, podrás abrir, cruzar y adentrarte en tus sueños y deseos.

Gracias a mi profesión he podido ayudar a muchas personas a cumplir sus objetivos y expectativas, desde luego que no ha sido fácil pero con constancia, esfuerzo y motivación, y un buen profesional que te guíe, ¡todo es posible!

En el artículo anterior os daba varias pautas para comenzar a ganar confianza. No pierdas de vista esas pautas, que puedes revisar aquí: http://www.snpsicologovalencia.es/blog/superacion-personal/104-como-aumentar-la-confianza-en-uno-mismo.html, apúntalas, tenlas a mano, incluso puedes anotarlas en una pizarra que tengas en una parte visible de la casa, para tenerlas presentes en cualquier momento y para que te recuerden tu plan y objetivos.

Verbaliza tus objetivos

Recuerda que es muy importante haber reflexionado profundamente sobre tu decisión y tener presente que va a suponer un esfuerzo, para el que hay que estar bien preparado a nivel de motivación y constancia. Una de las cosas que más encarecidamente recomiendo a mis pacientes es que expresen sus objetivos. El hecho de exteriorizarlos comentándolos a tu familia, a tus amigos, pareja, etc., va a ayudarte mucho a dar el paso, y lo que es más importante, a continuar. Te explico porqué es tan importante:

Cuando cuentas a tus seres más allegados tus intenciones, en primer lugar, al verbalizarlas varias veces, se ordenan tus ideas, se clarifican.

También, te va a ayudar a creerte a ti mism@, por si acaso todavía tenías dudas. El hecho de intercambiar opiniones y consejos con tus seres queridos, te va a ayudar a matizar ideas, mejorarlas, en definitiva, tus amigos y familia te van a aportar nuevos conceptos adaptados a tu personalidad, porque ellos te conocen bien, y van a complementar tus ideas iniciales.

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Cómo aumentar la confianza en uno mismo

Llevo varios días queriendo hablaros sobre este tema tan fascinante, como es la confianza en uno mismo. ¿De qué depende? ¿Es posible desarrollarla? ¿Cómo? ¿Qué tiene que ver nuestra educación, nuestra familia, nuestra vida, etc., en la confianza que poseemos? ¿Cuales son las claves para desarrollarla? ¿Y cómo la inculcamos en nuestros hijos?

Son muchas preguntas entorno a un mismo tema que me gustaría compartir con todos vosotros, ya que en mi consulta lo trato con mucha asiduidad. En un tema que nos preocupa en gran manera porque la falta de confianza, en definitiva lo que provoca es la creación de límites en todos los aspectos de nuestra vida, tanto en el plano emocional, en el profesional o en el desarrollo personal. Es uno de los temas más importantes y del que más consciencia hemos de tener para llevar una vida sana y equilibrada con nosotros mismos y con los que nos rodean.

Voy a empezar por el principio, cómo veis es un tema muy extenso y por ello voy a tratarlo en varios artículos conectados entre sí para que podáis entender mejor los conceptos de manera ordenada y útil para vosotros.

PARA CREER HAY QUE CONFIAR

Es una frase que a simple vista parece sencilla y lógica pero tiene un trasfondo muy profundo y de una veracidad aplastante. Nuestros deseos, nuestros sueños, nuestros objetivos en la vida, en definitiva, nuestra vida, dependen del nivel de confianza en uno mismo. Parece sencillo, pero si te paras a reflexionar durante un momento porqué decidiste estudiar una cosa u otra, porqué te quedaste en tu ciudad o te mudaste a otra, porqué trabajas aquí o allá, cómo vives tu vida actualmente, etc.

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Para qué sirven las emociones

En esta período de tiempo en el que nos ha tocado vivir, la razón parece que siempre ha de imponerse por encima de las emociones, controlarlas y no dejarlas expresar de forma libre y natural. Esto es patente en unas culturas más que en otras. Por ejemplo, en el caso de la cultura japonesa, las emociones están mucho más contenidas que en la cultura occidental, y en el lado opuesto encontramos algunas culturas latinoamericanas en las que las emociones ocupan un lugar menos controlado por la presencia de la razón.

Con esto, os quiero poner en situación ante la importancia que damos a las emociones, como la identificamos, como actuamos frente a ellas, y que nuestros actos, además de nuestra propia personalidad innata, vienen influenciados por la cultura a la que pertenecemos o de la que hemos bebido durante años.

Pero ¿porqué parece que se le da más importancia a la razón que a las emociones? o ¿porqué tenemos que elegir siempre entre un plano u otro? Muchos investigadores y pensadores, a lo largo del desarrollo de nuestra cultura occidental, han ignorado en gran medida el ámbito de las emociones para centrarse en el plano racional, e investigar sobre nuestro pensamiento cognitivo. En la era clásica, se entendían las emociones como pasiones, impulsos irracionales, que no podían más que ser controlados por la razón. Sin embargo, fue a partir del siglo XIX, cuando gracias a las teorías de la evolución de Darwin entre otros, se entendió claramente que las emociones estaban sujetas a mecanismos y procesos estudiables.

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¿Auto engaño? Sé fiel a tus valores

Muchas veces mientras estoy redactando un artículo, tomo notas de temáticas que van apareciendo conforme voy escribiendo para vosotros. En multitud de ocasiones las temáticas están entrelazadas y se nutren unas de otras, haciendo que enlace cuestiones que resultan muy interesantes y sobre las que tengo la necesidad de profundizar.

Es el caso de este artículo que comparto con vosotr@s hoy. En el pasado artículo sobre “No soy feliz y lo tengo todo”, se plantean una serie de aspectos como posibles causantes de la falta de felicidad en personas que en principio lo tienen todo para ser felices, pero se encuentran vacías.

Algunos de estos aspectos, tal y cómo reflejé en el artículo anterior, eran a rasgos generales, el negativismo o falta de optimismo, el no esforzarse por salir de la zona de confort, la falta de decisión de uno mism@, el no ser capaz de superar los prejuicios, entre otros, y por último, uno de los aspectos que más me interesa desarrollar y exponeros, es el hecho de vivir en disonancia a tus propios valores.

Ya sea “por miedo, por pereza, por comodidad, por falta de autoestima, a veces no actuamos conforme a nuestros valores, no dejes que eso ocurra, ¡no vendas tu alma!” rezaba el artículo previo.

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No soy feliz y lo tengo todo

Ante las mismas circunstancias de nuestra vida podemos reaccionar con optimismo o con negativismo. Depende de nosotros. Hay una serie de cuestiones de nuestra vida que nos vienen dadas, o nos suceden sin buscarlas nosotros. No podemos intervenir para que sucedan o no, pero lo que sí que podemos hacer es actuar, asimilarlas y plantarles cara desde una visión optimista.

Por mi experiencia como psicóloga, me he enfrentado a muchos casos de personas que en principio lo tenían todo para ser felices, pero se encontraban vacías. A veces pasamos por momentos de nuestra vida en los que por cuestiones de trabajo, de estrés, de metabolismo, un clima adverso, que son hechos puntuales y sin gravedad que nos ocurren, podemos experimentar lo que se conoce como “una mala racha anímica”.

Es importante poder detectar si estamos ante un bajón anímico leve, fácilmente recuperable, o nos encontramos ante un estado de ánimo que llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo y quizás no sabemos determinar cuándo empezó y a qué puede ser debido.

También he comprobado que a veces, es una cuestión de personalidad, y no es que la persona sea de una forma y a partir de un momento dado cambiase y entrara en un período anímico bajo. En estos casos, yo creo que es cuando más difícil se hace cambiar de actitud, porque tenemos que trabajar mejorando el propio carácter de la persona, que a veces resulta muy trabajoso y supone un esfuerzo grande.

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¡¡Me pongo roj@!! Cómo superarlo

¿Tienes miedo de hablar en público?¿Te pones rojo si hablas o cuando te miran? ¿Crees que te vas a poner como un tomate, y que no vas a ser capaz de controlarlo y eso te da pavor?

Tranquilízate, no es una enfermedad, es simplemente un problema que tiene solución, te voy a dar varias pautas a lo largo de este artículo.

Recuerdo que cuando era adolescente, tenía una amiga que se ponía roja con mucha facilidad, y le incomodaba de tal forma que incluso dejaba de hablar cuando había más personas alrededor, o no intervenía en clase por miedo a ponerse roja y por miedo a enfrentarse a los comentarios y risas de otros compañeros. Me decía que sentía un calor muy intenso que le subía desde el estómago hacia la cara, y que el corazón le latía a gran velocidad, y que esto le asustaba mucho porque no podía controlarlo, sino que estas reacciones le controlaban a ella. Ahora viéndolo en la distancia, después de muchos años, y viendo cómo es mi amiga ahora, se ve muy distinto, sobre todo porque pudo superarlo y hacerle frente en una de las etapas más difíciles de nuestra vida, como es la adolescencia.

Sin embargo, ruborizarse, le puedo ocurrir a cualquiera, en cualquier edad. Sí que es cierto, que basándome en mis pacientes, veo más casos entre adolescentes y jóvenes, pero también sorprende a edades más maduras.

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