Disfunción sexual masculina

Hoy en día las disfunciones sexuales son un problema del que poco se habla, ni con amigos ni con la pareja; y en muchas ocasiones ni con uno mismo. Muchas veces esto puede ocurrir por vergüenza y el llevarlo por dentro hace que a nivel psicológico se sufra; por lo que sería recomendable pedir ayuda profesional.
Concretamente, en los hombres, manifestar disfunciones sexuales y no funcionar en la cama les puede hacer sentirse inútiles y/o “poco hombres”; ya que un gran porcentaje de la autoestima depende en muchas ocasiones del placer que puedan dar a su pareja.
Entre todas las disfunciones sexuales masculinas la que mayor prevalencia tiene en la población española es la disfunción eréctil. Si sufres de ella, no te preocupes, es un problema más común de lo que parece y tiene solución.


¿Cuál es la causa de este problema?


En la mayoría de los casos el origen de una disfunción eréctil se debe a una mala experiencia. Esta primera impotencia puede ser debida por múltiples causas, desde haberlo intentado en un momento de cansancio o ansiedad hasta haberse dado en un momento de ebriedad.
Algo que hay que entender es que no somos máquinas, al igual que nuestro cuerpo, que tiene fluctuaciones y no tiene un “click” de encendido y apagado. La sexualidad es algo muy amplio y no debiera de ser un tema tabú.
Al no tener esta visión, a partir de la mala experiencia se puede crear un estado ansioso que afecta directamente a la autoestima y genera dificultades para volver a disfrutar plenamente del sexo.


¿Qué es lo que piensa el hombre cuando ocurre este tipo de problema?


Cuando la disfunción eréctil se debe a una causa psicológica el factor de mantenimiento del problema es mayormente cognitivo. Los pensamientos de fracaso son los que le inundan al hombre durante el día. Pensamientos como: “la siguiente vez no se me va a levantar tampoco” o “no valgo para nada”.
Acompañando a los pensamientos ocurre un fenómeno llamado el “rol del espectador”, donde la persona duda de su respuesta eréctil y comienza a darse una autobservación; es decir, que durante el día trata de fijarse a ver si tiene erecciones. Además de ello, la persona se desconecta de sus sensaciones corporales, privándose del disfrute y deseo sexual y únicamente fijándose en si su pene “funciona” o no.
La respuesta conductual que se da en este problema también hace que la dificultad se mantenga, ya que la persona recurre frecuentemente a la evitación y el escape de la situación temida; y cuando se fuerza a exponerse, los mecanismos a los que recurre no son funcionales.
Todo esto, al contrario de lo esperado, es perjudicial para él mismo; ya que aumentan considerablemente las probabilidades de que vuelva a ocurrir un fracaso eréctil debido a la presión a la que se somete la persona.


¿Cómo se puede salir de este bucle?


1) En primer lugar, se aconseja compartir nuestras preocupaciones, pensamientos y gustos con la pareja, ya que esto rebaja la tensión y la ansiedad que uno siente.


2) Además de ello, el disfrute personal tiene que ser el objetivo fundamental, atendiendo a las sensaciones físicas y dejándose llevar por el placer. En este caso, un poco de egoísmo sexual sería beneficioso, haciendo caso a lo que uno mismo sienta o necesite para disfrutar plenamente de la actividad sexual; por ello la comunicación con la otra persona es importante.


Es recomendable tratar de relajarse, por lo que realizar ejercicios de relajación puede ser beneficiosos en momentos en los que la ansiedad está aumentando.
Nosotros los psicólogos, usamos una técnica llamada intención paradójica. ¿Y qué es esto? Es una técnica utilizada para conseguir el efecto adverso al que se pide en un principio al paciente; para así, liberar parte de la ansiedad y tensión generada en momentos en los que se quiere resolver un problema. En este caso en concreto, se prohíbe al paciente la penetración durante el juego y la actividad sexual con su pareja. Esto hará que la tensión desaparezca y la persona pueda disfrutar; ya que no se ve obligada a exponerse al momento que más teme.


3) Si el problema sexual persiste, se aconseja acudir a un profesional para comenzar la terapia. Para este tipo de trastorno el modelo combinado de la terapia sexual y el tratamiento farmacológico es el más eficaz. Para ello, lo ideal sería hacerla en pareja; puesto que se trabajará conjuntamente con ella, aunque no es indispensable.

 

Adrían Muriel

Colaborador Centro de Psicología Clínica  Sara Navarrete